REFELXIÓN SOBRE LA VELA OCEÁNICA

REFELXIÓN SOBRE LA VELA OCEÁNICA

Si alguien me conoce, sabe que gran parte de mi día a día está dedicado a la vela. Básicamente es una pasión que me va a llevar a la tumba. Pero creo que nunca voy a entender del todo algo que estos días me han vuelto a la cabeza.

Creo que la vela oceánica es parte de la vela profesional a que un navegante puede aspirar, en función de su nivel y sus expectativas. Por lo menos, esto es lo que depende de uno mismo. Pero es que después, encontramos la parte económica.

Un día leí que una campaña para la Vendeé Globe podía llegar a costar 5 millones de euros (y me parece muy poco). Esta cifra puede que sea astronómica pero no me parece desorbitada si tenemos en cuenta los costes de un barco como los IMOCA y de que para poder cumplir el sueño de cualquier navegante oceánico, hay que entrenar y romper muchas cosas. No digamos ya los movimientos del barco, mantenimiento, mantenimiento del skipper (sueldo), regatas, …. Y a eso voy.

Estos días estamos siendo testigos del rendimiento que los nuevos IMOCA están dando y los problemas que los foils están causando en la regata transatlántica Transat Jacques Vabre. Pero lo que más me ha sorprendido, es ver como el barco de Alex Thomson co-patroneado por Guillermo Altadill, con un mes de vida, desarbolaba y tenía que ser abandonado a la deriva después de sufrir una volcada súbita por una ola, que llenaba de agua el barco. ¿Es que los equipos de esta talla tienen centenares de palos y velas a su disposición? ¿Cómo se entiende que después de abandonar la Barcelona World Race por romper una pieza de pocos centímetros, los patrocinadores sigan inyectando dinero y financien un barco nuevo?

Sí que es verdad que Alex ha demostrado en numerosas ocasiones su valía, no se trata de eso. Lo que me sorprende es la cantidad de dinero que puede llegar a reunir un equipo y lo fácil con que las cosas se reponen. ¿Qué límite tiene un equipo de esta talla? ¿Con que margen trabajan?

Al final, da igual el equipo que sea, los patrocinadores lo que buscan es un impacto económico mayor al que están invirtiendo. No se trata simplemente de la desgravación fiscal que hay detrás, sino que están vinculando un nombre, una marca a una persona. A un proyecto personal que sin este dinero, sin estas ayudas, no sería posible.

Todo esto no me sorprendería si no conociera unas cuantas personas que por motivos económicos (de patrocinadores, básicamente) no pueden llevar a cabo su proyecto. El problema no es de dinero, el problema es que el dinero se lo quedan unos cuantos.
¿Puede que los IMOCA sean unos barcos demasiado caros como para permitir que se popularice la vela oceánica? ¿La clase 40 no podría ganar peso y permitir a un mayor número de proyectos estar en la salida de la Vendeé? ¿Tanta diferencia en las capacidades de un patrón/a hay en 20 pies de diferencia? ¿O es una cuestión de marketing? Evidentemente un 60 pies no es lo mismo que un 40, pero las diferencias de presupuesto son abismales.
Hugo Boss de Alex Thomson esperando a ser abandonado.
Transat Jacques Vabre 2015


Uno que ama la vela!

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